En Volvo se preguntaron qué pasaría con las baterías de los carros eléctricos de la marca cuando se terminara la vida útil para un automóvil.

Y es que, aunque la batería termina su ciclo en un carro, igual sigue siendo una enorme batería con una enorme capacidad, pero ya no tiene cómo alimentar las demandas masivas de un vehículo. Esas baterías se pueden utilizar ahora como acumuladores de energía en las casas, centros comunitarios y negocios, y eso es lo que la marca decidió aprovechar.
Iniciaron el proyecto “Volvo Ilumina a Colombia” en un pequeño pueblo valluno llamado Nashira. Allá llevaron varias baterías para que fuesen administradas por una asociación de mujeres, lideresas, para que utilizasen esa energía de las baterías para comedores comunitarios y escuelas, en una zona que como muchas otras de la Colombia rural, sufre de inseguridad energética.

Y es que no solo se llevan las baterías, por qué a ellas también se les agota eventualmente la energía. Para recargarlas y no depender de los altos costos de la conexión a la red, se ayudan de paneles solares para recargar las baterías con la infinita y gratuita luz solar. Puede no parecer mucho para quienes vivimos en una ciudad, pero para muchos colombianos, la inestabilidad energética es la diferencia entre mantener sus alimentos frescos, y condenar a cientos de personas en condición vulnerable a pasar hambre.

Escuelas, comedores comunitarios y hogares rurales son beneficiados por una fuente energética que no era contemplada para esos fines. ¿Cómo afecta tener -o no- luz eléctrica a una escuela? No crean que simplemente una escuela necesita cuatro paredes, una pizarra y pupitres. Allá en esas instituciones educativas también se preparan alimentos para los estudiantes del casco rural, y por supuesto, necesitan iluminar sus aulas y su infraestructura básica para que los profesores enseñen sin obstáculos.

Allá también están las baterías que solían estar en vehículos Volvo.Subestimamos la energía eléctrica los que vivimos en las ciudades, la damos por sentado, pero en incontables corregimientos del país, si llueve, se va la luz, o si no se pagan los exhorbitantes precios que muchas veces no se pueden permitir las comunidades, simplemente la cortan.

El objetivo de Volvo, de la mano de ASTARA y de sus aliados tecnológicos, es llevar todas estas baterías y los paneles solares proporcionados por su aliado DYNAMO a donde el país rural las requieran para estabilizar las demandas de electricidad de las comunidades más necesitadas.

Entre Volvo y DYNAMO, capacitan a los líderes de las comunidades para que aprendan a gestionar de manera eficiente esos recursos energéticos y transiten en camino a la autosustentabilidad y la economía circular.Este escenario no debería ser exclusivo de Volvo, sino que todas las marcas que producen y venden vehículos eléctricos en Colombia podrían imitar estos esfuerzos para darle una vida útil completa a las baterías y evitar ademas, que simplemente fuesen desechadas, preparándose para contaminar la tierra, literalmente desperdiciando energía.
